lunes, 15 de noviembre de 2010

EL NUEVO SENTIDO DE LA EDUCACIÓN SECUNDARIA: FORMAR COMPETENCIAS E IDENTIDADES


Durante la década de los noventas se inicio un dialogo y un proceso de cooperación internacional con respecto a las nuevas tendencias mundiales sobre los cambios curriculares en la educación secundaria latinoamericana, esta época fue muy importante en términos de producción de reforma e innovaciones educativas, que poco a poco se han ido instalado como una necesidad, un discurso y una práctica, en todos los niveles. Prácticamente estos son los antecedentes de la llamada educación por competencias en nuestro país.

En este dialogo se discutieron varios apartados, como las principales tendencias de cambio que tienen lugar en el mundo con el planteamiento de los nuevos desafíos que se derivan para la formación de los adolescentes; integrar un sistema educativo mundial y profundizar en las desigualdades sociales. En el ámbito de las competencias se pretendió definir este concepto y al final se llego al acuerdo que se trataría de que las escuelas para los adolescentes formaran al mismo tiempo sus capacidades cognitivas, afectivas y éticas, interactivas y prácticas. Dicho en términos más sencillos, se trataría de que se enseñara, a un mismo tiempo, a saber y aprender, a ser, a convivir y a aprender.


Por: Berenice Acosta Rangel

"LAS PRUEBAS DE OFICIO"

Durante los años 50 del siglo XX se pretendía erradicar la desigualdad social, creando una escuela para todos, pero existían problemas más graves dentro de las instituciones, que dificultaban cada vez más la educación en Francia;  por un lado estaban los padres de familia que eran los que menos opinaban pero defendían ante todo una escuela que permitiera a sus hijos colocarse en el mundo laboral, defendían ante todo una escuela que diera legitimidad sin falla a las jerarquías sociales. Por su parte los maestros se apasionaban por una escuela donde se jugaba su identidad profesional y sus condiciones de trabajo. Por amabas razones existía un estrecho antagonismo, los padres estaban más preocupados por el mercado de los estudios y por su utilidad, aspiraban a estudios cada vez más largos para sus hijos; las prioridades de los profesores eran diferentes: el desarrollo de la reflexión y del espíritu crítico, la formación de los ciudadanos, la adquisición del gusto por el aprendizaje, etc.
Las pruebas de oficio se refiere a todas las dificultades sociales a las que se enfrentaron los profesores, por ejemplo la desvaloración de la docencia, la realidad de su práctica, con frecuencia decepcionante, siendo como eran los alumnos y la sociedad que le exigía mucho y que esperaban de la educación la respuesta a todos sus problemas y que no cesaba de juzgar a quienes confiaban a sus hijos.
También existían dificultades dentro del aula, pues los alumnos, ya no eran como antes y ahora una dificultad mayor era atender a los alumnos en situaciones de riesgo, al mismo tiempo que interesar a los jóvenes poco motivados.
Podemos relacionar la situación de los profesores en Francia con la de los maestros en la actualidad de nuestro país; tal vez las dificultades no son las mismas pero esa pérdida de respeto y valor hacia la profesión es un mal que venimos arrastrando todos los docentes de secundaria, algunas veces ocasionado por la poca responsabilidad de algunos profesores y otras por las exigencias de un mundo globalizado. Igualmente se exige mucho y se apoya poco, pues como sabemos, la educación de las personas es una acción que nos concierne a todos, tanto a la familia, a la escuela y a toda la sociedad.

EL UNIVERSO DISCURSIVO EN EL CUAL SE CRECE/ UN CASO COMÚN, NADA ESPECIAL


Existe una fuerte crítica a la escuela estadounidense, durante la época de la industrialización. Los beneficios de la escuela eran diversos, por un lado representaba un negocio y mercado para los editores de libros de texto, contratistas y escuelas de educación superior, era vista como guardería y como policía vigilante de los alumnos; por otro lado los contenidos estaban enfocados para que las personas pudieran emplearse y que los medios masivos de comunicación así como la economía se expandieran por todo el país. Las escuelas habían dejado de representar cualquier valor humano; más bien se habían adaptado a un sistema mecánico. 

Normalmente los jóvenes que estudiaban en la universidad no sabían para que lo hacían, excepto porque era parte de la secuencia de su licenciatura. “Un caso común, nada especial”, se refiere a que era frecuente que los jóvenes aprobaran una materia o todo el curso escolar sin haber aprendido algo de manera significativa y solo memorizaban las respuestas de los exámenes, en este caso se sigue viendo esa indiferencia de la cultura adulta para los adolescentes, pues a la primera solo le importa poner industrias y que los jóvenes sean productivos para el bienestar de la sociedad. La maquina social no se preocupaba de cómo aprendían los alumnos, sus intereses particulares y como percibían la enseñanza.

No solo la escuela se mantenía indiferente ante las necesidades de los jóvenes, en realidad era toda la sociedad, la maquina social no requería que la juventud en centrara su identidad y vocación, solo se interesaba por la aptitud. La cultura adulta se comportaba hostil a los intereses de los adolescentes y estos últimos estaban excluidos de las actividades de los adultos.  Había una lucha constante entre la cultura joven y la adulta durante los años setentas, el principal problema es que se consideraban a los adolescentes inmaduros y no valía la pena que los jóvenes se integraran a las actividades adultas en el momento en que estaban listos para ellas. Es bien sabido que todos los actos de rebeldía de los adolescentes, llamados de atención, comportamiento agresivo y prepotente son un mecanismo de defensa para protegerse de las reglas y normas moralistas de los adultos. Al final la rebeldía de los jóvenes se rinde de luchar en contra del sistema adulto y comienzan a madurar, así como a defender su nueva postura, se vuelve un círculo vicioso, porque cuando son adultos, ya no comprenden a los jóvenes.


Diego Armando Quintanar Sarmiento