Existe una fuerte crítica a la escuela estadounidense, durante la época de la industrialización. Los beneficios de la escuela eran diversos, por un lado representaba un negocio y mercado para los editores de libros de texto, contratistas y escuelas de educación superior, era vista como guardería y como policía vigilante de los alumnos; por otro lado los contenidos estaban enfocados para que las personas pudieran emplearse y que los medios masivos de comunicación así como la economía se expandieran por todo el país. Las escuelas habían dejado de representar cualquier valor humano; más bien se habían adaptado a un sistema mecánico.

Normalmente los jóvenes que estudiaban en la universidad no sabían para que lo hacían, excepto porque era parte de la secuencia de su licenciatura. “Un caso común, nada especial”, se refiere a que era frecuente que los jóvenes aprobaran una materia o todo el curso escolar sin haber aprendido algo de manera significativa y solo memorizaban las respuestas de los exámenes, en este caso se sigue viendo esa indiferencia de la cultura adulta para los adolescentes, pues a la primera solo le importa poner industrias y que los jóvenes sean productivos para el bienestar de la sociedad. La maquina social no se preocupaba de cómo aprendían los alumnos, sus intereses particulares y como percibían la enseñanza.

No solo la escuela se mantenía indiferente ante las necesidades de los jóvenes, en realidad era toda la sociedad, la maquina social no requería que la juventud en centrara su identidad y vocación, solo se interesaba por la aptitud. La cultura adulta se comportaba hostil a los intereses de los adolescentes y estos últimos estaban excluidos de las actividades de los adultos. Había una lucha constante entre la cultura joven y la adulta durante los años setentas, el principal problema es que se consideraban a los adolescentes inmaduros y no valía la pena que los jóvenes se integraran a las actividades adultas en el momento en que estaban listos para ellas. Es bien sabido que todos los actos de rebeldía de los adolescentes, llamados de atención, comportamiento agresivo y prepotente son un mecanismo de defensa para protegerse de las reglas y normas moralistas de los adultos. Al final la rebeldía de los jóvenes se rinde de luchar en contra del sistema adulto y comienzan a madurar, así como a defender su nueva postura, se vuelve un círculo vicioso, porque cuando son adultos, ya no comprenden a los jóvenes.
Diego Armando Quintanar Sarmiento